Universidad en la Cuarta Revolución Industrial

Desde hace algunas entradas he venido tratando acerca del impacto de las diferentes revoluciones industriales en la educación en general (Ej: Un modelo educativo consolidado desde la Revolución Industrial, Impacto de la Tercera Revolución Industrial en la educación, Los retos de la educación frente a la Cuarta Revolución Industrial).

Ahora quiero centrarme específicamente en algunos efectos que se están percibiendo las universidades en la cuarta revolución industrial y, a partir de allí, proponer un camino a seguir para transformar la educación superior.

La Cuarta Revolución Industrial

La cuarta revolución industrial, de la que he venido comentando recientemente, está provocando cambios drásticos e insospechados en la empresa, la cultura y la sociedad actual. La universidad, cuyo papel ha sido la preservación y, también, la transformación de la cultura, a través de la formación de profesionales, no solo no puede ser ajena a todas las variaciones de su entorno, sino que además su propia esencia requiere una estricta alineación con su contexto y las tendencias que ya se evidencian.

Pero ¿son conscientes los responsables de definir las políticas educativas, los directivos universitarios, y los docentes mismos, de todos los cambios que se están dando a su alrededor? ¿tienen claro que no solamente deben estar trabajando para que sus egresados transformen la sociedad, sino que, además, y como requisito de ello, las universidades mismas deben transformarse dentro del marco de la nueva realidad?

Cambio del contexto de las universidades

El contexto está cambiando rápidamente y la presión de cambio sobre las universidades aumenta día tras día. Repasemos brevemente algunas de las cosas que están cambiando y que tienen alguna incidencia en el presente y el futuro de la Universidad.

Cambio rápido del conocimiento

El conocimiento, en prácticamente todas las disciplinas, está cambiando muy rápidamente. Esto hace que, debido a la duración de las carreras universitarias, buena parte de lo que se imparte en el proceso de la formación esté revaluado en el momento en que una persona recibe el título profesional. Por supuesto, cada disciplina tiene un basamento sólido sobre el que se erige toda su estructura conceptual. Sin embargo, incluso algunas de estas bases y cualquier estructura de conocimiento humano es susceptible de ser sacudida frecuentemente por nuevos hallazgos. Esto sin mencionar el avance inusitado en herramientas, modelos y metodologías que se nutren día tras día de los más recientes avances científicos y tecnológicos.

El mercado laboral está demandando nuevas competencias

Muchas de las competencias exigidas hoy son completamente diferentes a las del pasado inmediato (algunas incluso anteriormente inexistentes) y las está requiriendo ahora mismo (no para dentro de unos meses o unos años). Según lo planteado en el Foro Económico Mundial del año 2016, más de un tercio de las habilidades básicas que se requerirán en el año 2020 para la mayoría de las ocupaciones serán completamente nuevas y distintas a las requeridas en el pasado inmediato.

Las empresas están buscando personas que tengan habilidades específicas

Y para ello, no es necesario que cuenten con un título profesional. Grandes empresas como IBM, Google y Apple han declarado abiertamente que no están exigiendo títulos profesionales para la vinculación de nuevos empleados porque lo que realmente les interesa es que puedan demostrar determinadas competencias y capacidades. Siguiendo este ejemplo, muchas otras empresas (Ernst & Young, Bank of America, Penguim Random House, Starbucks, Home Depot, etc.) han ido acogiendo esta iniciativa y lo están declarando públicamente.

Obsolescencia de los títulos profesionales

Los títulos universitarios pierden vigencia y no dan cuenta de las capacidades de las personas que los obtienen y ostentan. El tiempo que tarda el proceso de diseño, aprobación e implantación de una nueva estructura curricular para una carrera profesional en una universidad, es suficiente para que una parte de ésta ya se encuentre obsoleta cuando se entrega a los estudiantes. A este se le debe sumar, además, el tiempo que tarda el estudiante en culminar sus estudios, en carreras que hoy en día se consideran más extensas de lo necesario.

Múltiples fuentes de contenidos de acceso abierto, orientados a la enseñanza

En algunos casos incluso más actualizadas y con un enfoque más práctico que los que ofrecen algunos profesores dentro de las universidades. Se han identificado no pocos casos de estudiantes que prefieren seguir las orientaciones de profesores y expertos que publican videos, infografías y presentaciones en diferentes plataformas públicas, que atender las explicaciones dadas en el aula de clase por los profesores asignados por las instituciones educativas en las que se encuentran matriculados.

Baja rentabilidad de la inversión en una carrera universitaria

Los altos costos de las carreras universitarias y el largo tiempo que estas demandan no se ven compensadas por los bajos salarios que reciben la mayoría de los profesionales, en particular durante sus primero años de ejercicio profesional. Muchas personas han realizado y difundido a través de medios de comunicación y redes sociales un sencillo ejercicio financiero en el que analizan todos los montos y tiempos que se requieren para obtener un título profesional y su rentabilidad en términos de ingresos futuros, y los contrastan con opciones formativas más cortas pero reiterativas en el tiempo (que es lo que demanda la realidad actual).

Surgimiento de diversas plataformas educativas en la nube

Algunas de ellas con metodologías de enseñanza que superan enormemente los obsoletos modelos educativos que se siguen poniendo en práctica en el día a día de las universidades.

Las microcredenciales digitales

Son certificaciones que se otorgan y difunden a través de la web para evidenciar un conocimiento o una competencia específica que una persona ha adquirido. Estas certificaciones son fáciles de exhibir y compartir a través los medios digitales y también fácilmente verificables tanto en el logro obtenido como en cuanto al esfuerzo, exigencia y requisitos para obtenerlo. Su gran ventaja frente a los títulos y diplomas tradicionales, es que mientras cada microcredencial que se entrega a una persona incluye dentro de su información básica la competencia o habilidad que ha desarrollado y la descripción del proceso y el rigor con el que se ha verificado su logro, un diploma o un título profesional define de manera genérica una formación recibida por una persona, pero no sus habilidades específicas, porque se otorga a muchas personas por igual, independiente de su real capacidad de desempeño en diferentes áreas y tareas.

La complejidad creciente del conocimiento

Desde hace unos años se vienen desdibujando las fronteras que antes existían entre diferentes disciplinas (por ello se habla ahora de ingeniería biomédica, ingeniería mecatrónica, ingeniería de tejidos, solo por nombrar unos pocos ejemplos). De allí que los currículos diseñados a partir de la segmentación del conocimiento en  asignaturas temáticas independientes carezcan de sentido para la realidad actual.

Las anteriores son sólo una pequeña muestra de factores que están forzando cambios en el modelo tradicional de universidad. Modelo que se está agotando según diferentes indicios o evidencias, una de ellas es el marcador desinterés de los jóvenes por seguir los estudios universitarios, con su consecuente disminución en el número de matrículas.

En la próxima entrada en este blog me ocuparé de plantear algunos caminos posibles de transformación de las universidades para abordar los retos y sobrevivir en este nuevo contexto.

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