La educación en la tercera revolución industrial

La tercera Revolución Industrial se ha definido a partir de la invención del transistor en la década del 50 en plena mitad del siglo XX, y de su evolución a los circuitos integrados que dio origen a diversos dispositivos tecnológicos, entre ellos el computador y las tecnologías de la información y la comunicación.

Los computadores y la conectividad derivada de esta tercera revolución, sirvieron para reactivar, aún más, los propósitos de masificación y estandarización de los procesos educativos, surgidos a partir de las dos primeras, mientras que de forma paralela y en contraste, las investigaciones sobre la cognición humana demostraban que las necesidades y los estilos de aprendizaje variaban de manera significativa entre una y otra persona, mostrando la importancia de una educación con enfoque personalizado.

Uno de los primeros intentos de aprovechar los avances tecnológicos en la educación fue el empleo de software educativo con la promesa que éste iba a permitir aliviar el trabajo docente puesto que el computador podía repetir una y otra vez, tantas veces como fuera necesario, una explicación sin cansarse ni cambiar su estado de ánimo. Sin embargo, quienes defendieron tal afirmación no tuvieron en cuenta que el estudiante, hacia quien va dirigido el proceso de enseñanza, si se cansa de ver cómo se repite una misma explicación y de recibir siempre los mismos mensajes de retroalimentación (que más que retroalimentación eran solo estímulos o reprobaciones según si sus respuestas a las preguntas del computador eran acertadas o equivocadas).

Se creyó entonces, que los computadores y el software educativo iban a mejorar la calidad de la educación impartida y a permitir incrementar el número de estudiantes que podían estar a cargo de un solo profesor. Pero solo una muy pequeña porción del software desarrollado con propósitos educativos aprovechaba el potencial interactivo del computador y se basaba en principios pedagógicos apropiados. La mayoría se limitaba a ofrecer secuencias de información de forma monótona y con una muy poca intervención del estudiante (quien en la mayoría de los casos únicamente intervenía para avanzar y retroceder). Obviamente el software educativo de mejor calidad implicaba costos de producción más elevados y por ello no era precisamente el más utilizado en las instituciones educativas.

Luego, a partir de la aparición de Internet y su rápido crecimiento y expansión, surgió la posibilidad de ofrecer educación en línea, haciendo posible la verdadera masificación de los procesos educativos gracias a la enorme flexibilidad que ofrece en términos de tiempo y lugar (cada estudiante puede realizar actividades, incluso las que tienen que son de carácter colaborativo). Pese a las grandes posibilidades y a su flexibilidad, la educación a través de internet ha tardado en ampliar su oferta y su cobertura. Esto se debe en parte a factores culturales (las personas se resisten al cambio de la rigidez de la modalidad presencial a la flexibilidad que puede llegar a tener la educación en línea) y en parte al uso de metodologías de enseñanza poco apropiadas y nada innovadoras (la gran mayoría de cursos en línea se limitan a distribuir lecturas a través de Internet, las cuales pueden o deben descargarse para luego ser leídas para luego proceder a responder un cuestionario en forma de test, nada diferente a procesos de aprendizaje autónomo).

Sin embargo, solo hasta 2011, año en que hubo un repentino entusiasmo por los cursos MOOC (Massive Online Open Courses, o en español, Cursos en Línea Masivos y Abiertos) en cada uno de los cuales suelen inscribirse varios miles de personas, las tecnologías de la Tercera Revolución Industrial hicieron posible una verdadera masificación de los procesos educativos. Su efectividad y utilidad es tema que trato en otra entrada de este Blog.

One thought on “Impacto de la Tercera Revolución Industrial en la educación”

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